Las aceitunas deben
recolectarse de los olivares a
finales de otoño o comienzos de invierno y se escoge el instante en el que las aceitunas poseen su máximo nivel de ácidos grasos en la pulpa de la oliva. Los métodos de recolección con
máquinas vibratorias agarradas al tronco de los olivares inducen la caída de las aceitunas. Las aceitunas recolectadas deben estar lo más intactas posibles y deben ser prensadas lo antes posible para evitar la oxidación.
Las aceitunas se limpian y criban, eliminando residuos como hojas, tallos, tierra o pequeñas piedras. Posteriormente se
lavan con agua fría para eliminar otras impurezas como polvo, barro, restos posibles de herbicidas. Finalmente se almacenan en pequeñas pilas a la espera de ser molidas. Antiguamente en las almazaras tradicionales el almacén donde estaba la aceituna se llamaba
troje.
Las aceitunas recolectadas se transportan a unas instalaciones en las que se extrae el aceite de oliva virgen extra mediante prensado. Estas prensas o molinos reciben el nombre específico de “almazaras” ( la etimología proviene de árabe “al-mas´ara” que significa “extraer”, “exprimir”).
Para obtener un aceite de calidad la aceituna debe procesarse en las 24 h siguientes a su recogida.